¿Terror en el colegio?, cuarta entrega.

No imagino que pensaban ellas, de donde se les ocurría que después de pasar por la terrorífica experiencia del cuarto oscuro, yo tendría una mínima voluntad de comer y para obligarme, me amenazaron con regresarme al cuarto oscuro, yo sabía que igual regresaría, ya que me habían pronosticado el día completo, pero creyendo que se les había olvidado o quizás pensando en que tenían un poco de lástima, decidí comer un poco, lo suficiente para engañarlas. Mi amiguita también se quedaba a almorzar, ninguna de las dos podía pasar bocado, tanto por el susto, como por el sabor de la

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¿Terror en el colegio?, segunda entrega.

Con las monjas, teníamos una rutina, primero rezábamos antes de entrar a las aulas, en la formación en fila por grados, rezábamos antes de empezar la clase, eso era todos los días, rezar y rezar, antes y después de clases, antes y después del recreo, antes de la nueva clase, al salir nuevamente del aula, luego en la formación de salida. Me tocaba rezar más que otras niñas, ya que me quedaba a comer al mediodía, así que rezar antes y después de comer, en el reposo, etc., luego en la tarde era lo mismo y la mayoría de las

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¿Terror en el colegio?, primera entrega.

¿Terror en el colegio?


 
Fue hace muchos años, bastantes, pero no lo suficientes, para olvidar aquellos recuerdos horripilantes del colegio, de la primaria, mis primeros pasos en la educación escolar. Casi todos están grabados en mi memoria, fueron 8 años de martirio y espanto perpetuos, que dañaron una infancia, que por otro lado era bastante feliz.  

Siendo mi abuela la potestataria de mi educación, un día decidió que lo mejor era inscribirme en un colegio de monjas, buscó uno de los mejores del mercado y para mi desgracia, me metió allí de cabeza.  Creo que nunca tuvo conciencia plena, de

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