¿FUE EL DESTINO O POR TRABAJAR EL PERDON?

No es que yo crea mucho en aquello de que el destino tiene todo escrito, a veces sí, a veces no, por eso no soy tan creyente en el destino, creo en que también tenemos en nuestras manos la opción de borrar o escribir cosas nuevas. 
 
Pero en esta situación, no sé si fue Dios o el destino el que movió los hilos, el que escribió lo que iba a suceder:
 
Hace muchos años, tendría yo unos 9 o 10 años, no recuerdo pero es más o menos por esa época, mi bisabuela, la madre de mi abuelo, tenía una joven doméstica. Yo siempre iba a su casa, era raro el día que no estaba allí.
 
Cuando llegó la chica para trabajar donde mi bisabuela, nos hicimos amiguitas de inmediato, entonces ella hacía los oficios y luego jugábamos.  Su nombre era María, hacía todos los oficios incluyendo el de cocinar.  Un día, para la cena, María estaba haciendo arepas, (comida venezolana), es una especie de torta de maíz generalmente del blanco, es pequeña, la cual se cocina en una plancha que llamamos budare, se le va dando vuelta y vuelta, hasta cierto punto y luego se pasa a un asador o parrilla.  En Venezuela la arepa es obligatoria.  
 
En la foto arepas cocinándose en el budare, luego se pasan a una parrilla o el asador para terminar de cocinarlas, quedan abombaditas, que me perdone la persona que hizo estas arepas, que mal le quedan:
 
 
 
 
 
Arepa rellena con carne mechada, una delicia:
 
 
 
Ya aclarado el manjar en cuestión, sigo con el cuento.
 
María estaba haciendo las arepas para la cena, generalmente tenemos el budare y el asador en las dos hornillas de la cocina, al mismo tiempo, pasando las que están lista del budare para el asador. Yo estoy con ella en la cocina, no recuerdo con lujo de detalles, pero en un momento dado, nos pusimos a jugar a no se qué, quizás a golpecitos con utensilios, a embarrarnos con la masa de la arepa, etc., lo cierto es que, hay un momento en que yo no tengo nada a la mano para lanzarle y de manera insconciente, yo completamente desconocedora de lo que se hace en la cocina, (aún lo soy, ajajajajaa), tomé una arepa del budare, estaba completamente caliente, pero yo no tenía esa información muy clara, la tomé y se la puse a María en el dorso de la mano. 
 
Me explico mejor:  yo sabía que estaba caliente pero no tanto, por eso agarré la arepa, sabía que no me iba a quemar, como en efecto sucedió, no me quemé y se la coloqué en la mano a ella, sabiendo también que no la quemaría, no sé, quizás contaba con que ella iba a quitar la mano a tiempo o daría un manotón para quitársela. Todo fué muy rápido, mi movimiento fue tan rápido que no dió tiempo de quemarme ni a ella para reaccionar y quitar la mano.
 
La pobre María, pegó el grito al cielo, un grito espantoso y yo también grité, no sabía por que gritábamos, creí que era parte del juego, pero ella tenía la la masa caliente pegada en la mano, obviamente ella dió el manotón pero parte de la masa se le quedó pegada, era el resultado de que la arepa todavía estaba cruda, bien caliente pero cruda. 
 
Enseguida el despelote, mi bisabuela llegó a la cocina, sus nietas, etc., me formaron el atajaperros del siglo, no pude defenderme, recuerdo que solamente decía: -es un juego, fue jugando. 
 
Me sacaron a empellones de la cocina, con gritos y sustos, regaños, etc., le hicieron las curas de emergencia y se la llevaron a una clínica.  Me dejaron sola y desesperada en aquella casa, encerrada en una habitación, ¡TAS CASTIGADA!.
 
Cuando llegó mi abuelo, que iba todas las noches donde su mamá para luego irnos los dos a nuestra casa, yo vivía con mis abuelos, (ellos me criaron), le metieron el chisme y siguió el atajaperros, luego nos fuimos y cuando llegué a casa me tocó el atajaperros de mi abuela que era el peor de todos.  Pero, ella me conocía mucho y le dijo a mi abuelo: 
 
-Pedro que raro, Teresa no es una niña agresiva ni peleona, ¿por que haría eso?.  Al final le conté lo sucedido.
 
Nunca más vi a María, la quemé, me metieron en la habitación y se la llevaron.  No regresó, después de las curas se fue a su casa y más nunca la ví.  Recuerdo aquella cara de sorpresa y dolor, además sus palabras:  ¿por que me quemaste?, ¿que te hice?.
 
Aquella expresión y esas palabras me quedaron grabadas para siempre.  No pude explicarle nada, de mi ingenuidad, de mi desconocimiento y de mi juego, pedirle disculpas, nada de nada.
 
Durante años me lamenté de aquello.  Siempre venía a mi mente la escena, sentía una especie de lástima e impotencia, los primeros tiempos casi fueron torturantes, pero fue pasando y pasando, de vez en cuando me llegaba el recuerdo y el saltico en el corazón. Mi bisabuela murió y siguió corriendo el tiempo.
 
Ya crecida, casi para casarme, era un recuerdo lejano, pero estaba allí, en lo profundo de mi pensamiento.  Un día, poco antes de mi boda, fuimos a la iglesia para arreglar los últimos documentos y requisitos para casarnos y me quedé sentada frente al altar mientras mi esposo se confesaba. 
 
Esperaba para confesarme y entre pensar que decirle al sacerdote de todos mis pecados, ajajajaja, hice una retrospección y me vino aquel momento de la arepa y María.  Pensé algo como esto:  Dios mío, no sé si eso fue un pecado, si es así, yo sé que me lo perdonaste por mi inocencia, lo que lamento es no haber sido perdonada por María, no sé su apellido ni donde vive, no sé como buscarla y decirle lo que no pude decir en aquel momento y pedirle perdón.  Ayúdame a sacar esto de mi corazón, yo sé que fue algo sin intención pero no puedo olvidarlo.
 
Me casé en el año 1976, me faltaban 4 días para cumplir los 20 años.  Habían pasado más o menos 10 años del suceso.
 
Le conté esa historia a algunas de mis amigas, creo que buscando consuelo y les decía: QUIERO PEDIRLE PERDON, NO FUE INTENCIONAL, PERO SOY CULPABLE, QUIERO PEDIRLE PERDON ALGUN DIA, NO QUIERO MORIRME SIN PEDIRLE PERDON A MARÍA.
 
Le envié peticiones de perdón con cuanto Santo conocí. 
 
-San Antonio de Padua, dile a María que le pido perdón. 
 
A la Virgen María:  -Madre, dile a María que le pido perdón. 
 
DIOS MIO, ¿NO ME VAS A DAR LA OPORTUNIDAD DE PEDIRLE PERDON A MARIA?.
 
Nada. María se perdió en la inmensidad del cosmos, sin información ninguna, ¿como pedirle perdón?, en Venezuela hay montones de María, hasta mi nombre es María.
 
Ya metida de lleno con las manualidades, decidí empezar a trabajar la cerámica y me inscribí para recibir cursos en una tienda.  La dueña y yo, terminamos siendo grandes amigas.  Ella fabricaba los moldes de las figuras y aparte atendía la tienda.  Su negocio fue prosperando y tuvo que buscar una persona que la ayudara en la fábrica, todo estaba en el mismo sitio.  La empleada para entrar a la parte de la fábrica, pasaba por la tienda y por las mesas de los cursos.  Durante 5 años la veíamos, yo iba a la tienda a diario, a comprar, para los cursos, de visita, etc.  En el año 1992 muere mi abuelo, la luz de mi vida se apaga y todas las alumnas, todo el que iba a la tienda, supo de mi duelo y mi gran dolor, todos comentaban aquello, fueron al velorio, al entierro, etc. 
 
Mi abuelo fue un hombre muy conocido en la ciudad y en ese mercado de la cerámica, yo también era muy conocida, así que todos nos nombraban a los dos:  Se murió el papá de Teresa, se murió Don Pedro López Corona, etc.
 
Me costó casi 6 meses reintegrarme al arte, regresé a los cursos y pasados unos días, la dueña de la tienda, que se llama Mayra, me dice:
 
Teresa, ¿sabes que María, la que hace los moldes conoció a tu papá y cree que te conoció a ti?
 
-¿Sí?, ¿me conoce?, no sabía.  Mayra que raro, tantas veces que hablo con ella y nunca me lo dijo.
 
-¿María me conoce?. -si ella cree que sí, fíjate que me dijo:  yo conocí a ese señor que se murió, a Don Pedro, yo trabajé de servicio en su casa.  Quizás no te lo dijo porque ella  no sabía que tenías relación con él.
 
Me quedé parada en el mostrador de la tienda, de frente a Mayra y le dije: 
 
-¿María está aquí o no vino hoy?
 
-Sí, está arriba.
 
Me fuí volando, corrí, subí las escaleras como loca y cuando llegué me frené de golpe, me la conseguí casi al entrar, parada vaciando un molde y le dije:
 
-Hola María.  Me dijo Mayra que tú me conociste.
 
-Si creo que sí, yo trabajé en la casa de la Sra. Isabel, allí siempre estaba una niña llamada Teresa.
 
Me quedé parada, viéndola, ella también parada pero con la cabeza agachada, no le podía ver bien el rostro, la había visto mil veces, hablado con ella, le pedía las figuras que yo quería, a veces hasta cosas especiales en las figuras, etc., pero ahora buscaba un rostro específico.
 
-María levanta la cabeza para ver si te recuerdo.  Ella la levantó, pero su cara no me dijo nada.  Me quedé viéndola fijamente:
 
-María no recuerdo tu rostro y muchas María trabajaron con mi abuela, pero quiero preguntarte algo.  Yo recuerdo a una María en especial, a una amiga, aquella María jugaba mucho conmigo y en una ocasión, entre juegos, yo la quemé en la mano, ¿esa María eres tú?.
 
-No dijo nada, levantó la mano y me mostró la cicatriz de la quemada.
 
En ese momento se me olvidó todo lo que tenía preparado durante años para decirle. 
 
Le tomé la mano, me la acerque y le vi la marca que le quedó de la quemadura.
 
-María, quizás tú no me lo creas, pero toda mi vida he deseado encontrarme contigo para decirte lo que no pude decirte en aquel momento.  Quiero que sepas y me asegures que me crees lo que te voy a decir: 
 
-Fue jugando, no fue un acto de agresión, no fue enojada, ni nada parecido, no sabía el alcance de mi juego, no esperaba quemarte de esa manera, no tenía conciencia de que estaba tan caliente, sé que tú no me lo creiste en aquel momento, hoy te pido que me creas, fue ingenuidad, fue inocentemente, sé que te hice mucho daño, pero no fue con intención, tengo muchos años torturada con esto y quiero pedirte perdón, quiero vivir y morir sabiendo que me perdonaste y que crees realmente que fue porque era muy niña, no sabía lo que estaba haciendo.  Le he pedido a Dios que me perdone él ya que no podías hacerlo tú, le pedí muchas veces que te pusiera frente a mí y lo hizo desde hace 5 años y yo no lo sabía, te he visto casi a diario y no imaginé que eras aquella María que tanto he deseado encontrar, tenía que morir mi papá para que al fin yo supiera quien eres-. 
 
-María, perdóname, te pido perdón por haberte quemado, no puedo hacer más nada, no puedo quitar tu cicatriz ni el dolor que sufriste, pero al menos puedo pedirte que me perdones y que sepas que lo lamento profundamente.
 
Se quedó silenciosa, con la cabeza agachada, creo que estaba sorprendida.  Tuve la impresión de que ella no se imaginó jamás que yo recordaba eso y mucho menos que le pediría perdón.
 
-¿María me perdonas?
 
Un murmullo: -si.
 
-María levanta la cabeza, ¿me perdonas?, respóndeme en voz alta.
 
-Sí señora Teresa, claro que la perdono.
 
-María, dime la verdad, ¿me perdonas de corazón?.
 
-Si señora Teresa, no tengo rencor por eso, no me imaginé que fue jugando, creía que lo había hecho adrede, pero no le he guardado rencor porque al final ud. era una niña.
 
Le dije:  -Gracias María y gracias a Dios por ponerte a mi lado, no me digas señora Teresa, fuimos compañeras de juegos, fuimos amiguitas, no tienes por que decirme señora, las amigas se tutean.
 
Mayra se sintió muy conmovida, no sabía aquella historia.  Durante algunos años, María y yo nos seguimos viendo en la tienda, hasta que Mayra la cerró, luego no supe mas de María, pero me siento tranquila y en paz, supe que me había perdonado de corazón.
 
¿Fue el destino que me llevó por el rumbo de la cerámica y a María también para que terminarámos en un mismo sitio y ella escuchara el nombre de mi abuelo relacionado conmigo?.
 
Yo no creo que fue el destino, creo que fue Dios.
 
 
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Comentarios

Considero, que te equivocas. Sugiero que discutir. Escribir para mí en la tarde , nos comunicaremos .
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señora tereza q linda historia yo solo tengo 13 añitos y me a conmovido su historia y me alegra q haya podido pedirle perdon a maria me encanta su blok besos de leidy

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!Cuanto tiempo sin verte ! !Tines el blog mas bonito de bligoo es precioso !Con lo

dificil que lo encuentro yo esto del blog y tu lo tienes prescioso

!Que bonitas son las vivencias y los recuerdoa

Desde la Lejania Te quiere Maria

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Sin más palabras que el decirte, que gran corazón el tuyo. Saludos y que te recuperes pronto. Ciao!!!!!!
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